DE CAMINO AL INFIERNO. Continuación.


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Capitulo 2.

Encendí la hoguera y me senté a comer un poco de queso curado, pan y unas nueces secas que llevaba para el viaje, bebí un poco de agua, la cantimplora estaba menos de media y no había visto ni un triste manantial en todo el ascenso, aún quedaba algo de luz y me asome para echar un vistazo por el claro, moví algunas rocas intui que podía haber alacranes, y evitar que se metieran en el chozo al calor de la lumbre, no quería llevarme una sorpresa cuando estuviera dormido, una vez hecha la inspección del terreno por fuera y por dentro y al no encontrar ningún bicho me acosté agotado, debí quedarme dormido en seguida.

De pronto algo invadió mi sueño e hizo que me agitara y acabara por despertar sobresaltado, eran unos ruidos de piedras, como si alguien las apartara de una patada, me quedé quieto, un sudor frío empezó a recorrer mi espalda no sabía que hacer. Las pisadas se pararon en la puerta del chozo eran varios pares de pies a juzgar por el ruido, empujaron la puerta hacía dentro y se fue abriendo con un chirrido que parecía atronador en el silencio.

Una silueta ocupo el espacio de la puerta, había algo en ella que no se podía apreciar en aquella semipenumbra, solo oía unos gruñidos guturales, eran dos los que había en el quicio de la puerta, un tercero estaba detrás. Al entrar en el chozo y darles la luz de la hoguera vi algo raro del más adelantado , tenia en la comisura de la boca dos colmillos como los jabalís o más bien era como la cabeza de un jabalí con una argolla en la nariz y unos cuernos retorcidos que le salían de la comisura de la boca, el segundo era distinto con una cara deforme una cicatriz que le atravesaba de lado a lado de la cara, al último no lo pude ver, entre el miedo y que los otros tapaban la luz con sus cuerpos, llevaban una especie de petos de piel curtida de algún animal y unos cuchillos grandes colgados de la cintura, el segundo además lo que parecía un garrote.

Yo seguía acurrucado tras el catre en la oscuridad del aquel cuchitril sin apenas respirar, el corazón me latía con tanta fuerza que pensé que lo escucharían de un momento a otro con tan solo guardar un segundo de silencio; El cabeza de jabalí levanto la nariz olisqueando el aíre, me estaba oliendo lo sé, pero no tenía donde huir.

De repente la cama salió por los aires contra la pared del otro lado haciéndose astillas, las tablas del chozo crujieron, sentí como me agarraba aquel ser del brazo y gruñía como un loco  por haberme descubierto, se giro y le dijo algo a su compañero mientras me arrastraba hacía el exterior, la noche era cerrada no se veía a mas de dos metros por delante, una vez fuera me ataron las manos con una soga larga y comenzaron a andar hacía la cima de la montaña, al dar la vuelta al primer recodo entramos por un agujero que había en la pared de roca, que no había visto esa tarde cuando inspeccione el terreno, allí no estaba unas horas atrás, era imposible no ver un hueco así por el que pasaban dos hombres a la vez sin tocar el techo de la gruta, ¿como se me pudo pasar inadvertido?

Una vez dentro de aquella cueva, el de la cicatriz se retraso y vi como empujaba una gran roca tapando la puerta, por eso no se podía ver la boca de la gruta desde el exterior, porque estaba cerrada por la roca, al tapar la entrada nos sumergimos en la más absoluta oscuridad,  comenzamos a avanzar hacia el interior, de vez en cuando mi captor tiraba de mi para que andará más deprisa pero me era imposible seguir su ritmo y menos a oscuras a pesar de que al rato se me adapto la vista a aquella oscuridad y podía discernir la mancha negra que eran la silueta de estos seres.

Cuando parecía que había pasado una eternidad desde que comenzamos a caminar por aquel agujero y según mis sentidos me pareció que bajábamos por el interior de la montaña, por lo que supuse que eran galerías que iban serpenteando y cruzándose con otras cuando sentía golpes de aire. Pasados unos minutos comencé a ver un resplandor por delante cada vez más intenso hasta que al girar en un recodo salimos a una caverna muy grande excavada dentro de la montaña, en la que había otros ocho o diez de estos seres. Me arrastraron al centro delante del aparentaba ser el jefe del grupo.

  • ¿Quién erres tú? ¿Qué hacer tú en mi montaña?

Me pregunto aquel horrible ser a que le faltaba un ojo, se le veía la cuenca seca y vacía como si se lo hubieran sacado con una cuchara, la mano izquierda la tenía doblada hacía atrás, rota por el cubito y el radio hace mucho se le habían soldado los huesos mal, era más grande que cualquiera de sus compañeros.

  • Yo iba hacía la aldea que hay al otro lado de la montaña, solo estaba pasando la noche en el chozo.

Le conteste con voz temblorosa por el miedo, su sola presencia daba terror, su voz sonaba en el interior de la caverna como si fuera un trueno en plena tormenta.

  • Mentirra nadie sube hasta aquí para ir al poblados de los hombrress, nnunca venirr por aquí, irse por rrío.
  • Le prometo que digo la verdad, iba hacía la aldea creí que este era el recorrido más corto. —Le conteste con voz temblorosa.
  • Parra ti si serr el camino mass corrto porque ya hass llegado a tú final.
  • ¿Qué me va a pasar?¿Qué vas a hacer conmigo?
  • Prronto — Me dijo con tono jocoso. — Bajarrlo a minas con  demáss esclavos.
  • Como orrdenes. —Le contesto sin más preámbulos cabeza de jabalí.
  • No puedes hacer eso, soy un hombre libre, no un esclavo, quien te crees que eres para tratarme así. —Grite furioso y aturdido por los acontecimientos.
  • Serr rrey Orco. Rrey bajo montaña. —Gritó poniéndose en pie aquel ser.

Al gritar de esa forma que más parecía un rugido que palabras en si, me entro pánico, podía desmembrarme tan solo con sus manos, medía más de dos metros de altura y casi otro tanto de ancho, era una mole de carne y huesos, ahora entiendo  porque ninguno de sus congéneres le discutía las ordenes, le tenían miedo o pavor por cómo le miraban, a mi carcelero se le erizo el pelo de la nuca. Sin decir una sola palabras más me arrastraron literalmente hacía el interior de la caverna.

Bajamos y bajamos durante lo que me pareció una eternidad dando vueltas y más vueltas por aquellos senderos bajo la montaña. Cuando ya había perdido toda noción comencé a oír el sonido constante de un golpe: toc, toc, toc Cada vez más fuerte, parecía que nos acercábamos donde quiera que me llevarán, las ligaduras me habían sollado las muñecas y las tenía en carne viva, la sed era incesante y por más que pedía agua hacían oídos sordos, tan solo recibí golpes cuando presa de la sed y la desesperación los insulte a gritos a aquellos hijos del demonio. Solo quería un poco de agua no puedo decir que viera nublado porque no veía nada más que oscuridad, una negrura  constante nos envolvía y el calor, el calor a cada minuto que pasaba era más sofocante, estábamos bajando al mismísimo infierno.

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Continuara…

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