DE CAMINO AL INFIERNO. Capitulo 3.


Leer el primer capitulo. 

Leer el segundo capitulo.

Capitulo 3.

Al entrar en aquel lugar vi un espectáculo desolador, cientos de personas hombres, mujeres y niños desnutridos semi desnudos con la poca ropa hecha jirones, por todos lados, unos picando las paredes de piedra de aquella mina, otros acarreando esportones de los escombros o empujando vagonetas cargadas hasta los topes que eran llevadas por unos raíles hacía el interior de donde provenía aquel calor insoportable, había niños con cubos de agua de un lado a otro dando de beber a los esclavos para evitar su deshidratación, pero aún así y todo algunos caían desmallados presa del agotamiento. Los guardianes eran orcos, llevaban látigos de tres puntas que no dudaban en descargar contra aquellos que se paraban para mirarme con caras de tristeza y de compasión, me quede sorprendido al ver tantas razas distintas en aquel espacio tan reducido, razas que ni siquiera conocía hasta que no empecé a tratarlos en los días que sucedieron a partir de mi llegada a aquel infierno.

Cuando me dejaron con el carcelero lo primero que me dijo.

 

  • Mirrarr allí, verr, intentarr escaparr.

 

Me dijo señalándome a un ser irreconocible que había colgado de unas cuerdas a un travesaño con la carne abierta allí donde los latigazos la habían sajado dejando al descubierto los huesos. Dudo que aquello que fue en algún momento una persona lo volviera a ser.

Dándome un empujón hacía adelante me ordeno.

 

  • A trabajarr. Tu llévalo a picarr con los enanos, parrece que estarr fuerrte para sacarr orro y metales de la piedra, vamos rrapido. — Ordeno a un vigilante que estaba allí cerca.

 

Este asintió con tan solo un gesto de cabeza, sin mediar palabra hizo restallar el látigo contra el suelo, para que comenzase a caminar por un puente de cuerdas que había unos metros mas adelante y que llevaba al otro lado de la caverna. Al llegar a una gruta mas pequeña en la que un grupo de personas de estatura bastante más baja que yo, pero de una complexión mucho más fuerte, estaban picando la piedra con picos y mazas, me hizo parar y me señalo un mazo.

 

 

  • Cogerr esoo trabajarr yaa — dándome un latigazo en la espalda para enfatizar sus deseos.
  • Maldito cabrón te voy a….
  • ¡Quieto! —Me insto uno de los hombres que allí había— No hagas nada o nos molerán a palos a todos, por favor no lo hagas.

 

Me quedé parado ante aquellas palabras dichas con tanto temor en la voz, aquel hombre se volvió y siguió a lo suyo, al darme la espalda la tenia llenas de cicatrices, algunas a medio curar todavía. El orco guardián se dio la vuelta y se marcho por donde habíamos venido, no sin antes cruzar unas palabras con otro que había vigilando al grupo que no cruzaba ni medía palabra entre ellos.

 

  • Quienes sois —Pregunte — Yo me llamo Román
  • Trabaja y calla o nos pegaran por tu culpa — dijo el más cercano.
  • Aquí los nombres no importan, no se vive lo suficiente como para ello.
  • ¿Cuanto tiempo lleváis aquí prisioneros?
  • Eso que importa, aquí no importa el tiempo, si no el momento, desearas morir.
  • No entiendo que no luchéis por vivir.
  • ¡Vivir! —Grito enfurecido — ¿A esto lo llamas vivir? Esto es el infierno en vida, no lo ves.
  • Lo siento, pero me niego a dejarme morir. —Dije intentando que se calmara.
  • Todos acabaremos muertos, no hay forma de salir si no es de esa forma.
  • Entiendo que estéis desanimados, pero tengo que intentar algo, no me voy a dar por vencido tan fácilmente.
  • Haz lo que quieras, pero hagas lo que hagas será en vano, esos orcos no te dejaran escapar, como no ha dejado a nadie desde que llevo aquí.

 

Sin mediar más palabras se puso a picar de nuevo como si yo no estuviera allí, pasado un tiempo ¿Cuánto? No lo sé, allí abajo no había forma de medir el tiempo, nos dejaban descansar por grupos cuando ya estábamos tan agotados que no podíamos ni empujar las vagonetas, pero no íbamos a ningún lugar, nos apartábamos a un lado y dormíamos allí mismo, nos daban para comer pan húmedo y una pasta que era mejor no saber que llevaba, las preparaban unas mujeres en otra caverna contigua y las repartían los niños más pequeños, había peleas por coger un cuenco de aquel potaje inmundo.

Los guardianes disfrutaban del momento al ver como se hacían trizas algunos por aquella bazofia, pero al momento los látigos retallaban sobre las espaldas de los contendientes para separarlos, no querían que se mataran y perder mano de obra, aunque no dejaban de llegar prisioneros cada poco tiempo, no se de donde los sacaban, a veces traían grupos de  quince o veinte, como si asaltaran poblados enteros, por lo que aprecie eran gente humilde, marginados que nadie echaría en falta.

Continuara…

https://www.facebook.com/antoncaes
https://www.facebook.com/Antoncaes-195245247162149/
https://twitter.com/antoniocaroesco
https://plus.google.com/u/0/+AntonioCaroEscobar
https://www.youtube.com/channel/UCNxiqEJ6LJlyp8W0uCOPwWQ
https://es.pinterest.com/antoniocaroesco/
https://www.instagram.com/antoncaes/
https://www.flickr.com/photos/131136555@N06/
https://www.tumblr.com/dashboard

Copyrighted.com Registered & Protected  XCAS-7MGZ-IHSS-IJA9

Anuncios

2 pensamientos en “DE CAMINO AL INFIERNO. Capitulo 3.”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s