Archivo de la categoría: Relatos

Lo que pudo haber sido y no fue.


Relato escrito para El poder de las letras.

Aquella tarde iba con prisas, como casi siempre. Llegó a las puertas de la tienda de ropa y se paro a que estas se abrieran, entró decidido, sabía a lo que iba y quería perder el menor tiempo posible. Una de las dependientas que estaba colocando ropa cerca de la puerta le saludo educadamente y el correspondió a su saludo. Se dirigió al final del establecimiento a la sección de ropa y accesorios deportivos. Cogió varías prendas de su talla que le gustaron y se dirigió hacía la caja. En el pasillo central volvió a ver a la dependienta de la entrada y cruzaron una sonrisa como si se conocieran de antes. Él llegó a la caja y espero su turno para que la cajera le cobrara, cuando le toco, pago el importe que le solicito la empleada a la vez que guardaba la ropa en una bolsa de plástico. Recogió su cambio y se dispuso a salir por las puertas cuando la alarma antirrobo comenzó a sonar, se quedo parado y se volvió a la cajera preguntándose — ¿si lo he pagado porqué suena?— alguien le agarro la bolsa y le dijo. —Disculpe un momento—. Al mirar vio a la dependienta del principio que había vuelto a las estanterías donde estaba cuando entro.

  • Sí claro. ¿Voy a ir a la cárcel por esto —le pregunto un poco en broma.
  • No lo creo señor —dijo la chica— a mi compañera se le ha debido saltar alguna de las alarmas y por eso le ha pitado.

Mientras la dependienta buscaba en la bolsa entre la ropa, él no podía quitarla los ojos de encima, era una chica morena de un metro setenta aproximadamente y con una nariz muy bonita, sus ojos eran color café, y la sonrisa ahora que la veía de cerca le dibujaban unos hoyuelos en las mejillas. Al cabo de unos pocos minutos, muy pocos le pareció a él, ella le devolvió la bolsa.

  • Ya esta — le dijo la muchacha enseñándole un aparatito que parecía un botón— disculpe las molestias señor.
  • No hay nada que disculpar, aunque parezca raro ha sido un momento agradable —le contesto él sonriéndola—lástima que las circunstancias no sean otras.
  • Sí. Es una pena —dijo ella mostrándole de nuevo los hoyuelos.

Él le pidió el bolígrafo que llevaba ella en el bolsillo de la camiseta y en el dorso del tiket le escribió un numero, ella que lo vio le dijo.

  • ¿Pero esto lo necesita, por si tiene que devolver algo de lo que lleva?
  • Bueno, entonces tendrás que llamarme para devolvérmelo. ¿No crees? —le contesto él mientras se dirigía hacía la salida y sin nada que le impidiera ya salir.

Al cerrarse la puerta miro hacia el interior, y la sonrió de nuevo.deja-de-pensar-en-lo-que-pudo-ser-y-no-fue.jpg

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Ve más allá.


Relato escrito para el reto de Halloween del poder de las letras.

Ve más allá

Rozaba la medianoche, acababa de salir de trabajar como cada día, aunque hoy era más tarde, se había tenido que quedar a hacer balance, ¡Justo hoy! Que hacía una noche de perros, lloviznaba, esa agua fina que no moja pero cala hasta los huesos.

No se veía a nadie por la calle,

—¿A quién se iba a ver en una noche así? —se hablo así misma, más para darse ánimos que por otra cosa—  estamos a últimos de octubre, noche de todos los santos y un pueblo pequeño como este.

Las supersticiones eran algo normal en poblaciones como aquella, pero en el pueblo de “Ve más allá” —vaya nombre para un pueblo— quién sería el que lo puso. Era la ley de su subsistencia.

Al pasar por la plaza del pueblo justo al lado del bar del señor Paco entre las cajas y las bolsas de basura. Salio un gato corriendo y se le cruzo por delante. Aquello hizo a Linda pararse y algo en el interior de su mente le hizo ¡clic! y todas las alarmas se le encendieron, comenzó a temblar, paralizada como estaba, no podía más que mover los ojos de un lado a otro.

¿Todo por un gato? Sí, por un gato, un gato negro como el azabache, algo que parecía inverosímil en aquella población.

Una ley municipal tenia totalmente prohibido la cría de animales de este color, cuando una gata paría uno/a, sacrificaban toda la camada, para que los genes no se transmitieran y las madres eran esterilizadas, para evitar que volviera a parir crías de ese color. En todo “Ve más allá” solo había gatos blancos como la nácar, grises, marrones, atigrados, listados, pero negros, ninguno. ¡Hasta hoy!

Linda hizo un esfuerzo e intentar vencer su miedo y comenzó a andar de nuevo, despacio, mirando a todos los lados de la plaza. Ella decía no ser supersticiosa y veía aquello antinatura en aquellos tiempos que corrían, pero una cosa es lo que se decía y otra muy distinta lo que su mente decidía y hoy había decidido serlo.

Dejo atrás la plaza y cogió la calle de la derecha que la llevaba al parque, tenia que cruzar este para llegar cuanto antes a su casa, o bien dar un rodeo bordeándolo, lo que le haría perder unos quince o veinte minutos. Así que opto por la vía más rápida y se interno en el sendero que cruzaba justo en medio del parque. Los árboles movían ligeramente sus ramas con la brisa de la noche, y en la umbría que creaban sus ramas se notaba más frío que en el exterior. Linda se abrocho el abrigo hasta el cuello y metió las manos en los bolsillos. Continuo su camino intentando apresurar el paso, pero no podía dejar de mirar a su alrededor como quien busca algo, y a cada sonido que oía, se quedaba parada intentando averiguar su procedencia.

Casi había llegado a la fuente que corona el centro del aquel inmenso espacio verde, donde confluyen los cuatro caminos que lo atraviesan. Al llegar a escasos cincuenta metros de la fuente vio un resplandor, ¿Habría alguien allí a esas horas? Se pregunto. Miró hacía atrás como preguntándose si no sería mejor volver y rodear el parque, aunque le llevara más tiempo, pero al mirar y ver la negrura que cerraba el camino se sintió peor aún, era como si alguien hubiera ido echando un velo completamente negro a su paso, no se veía más allá de cinco metros.

Se encontraba en un estado de nervios, que si crujía una hoja, se encaramaría en el primer árbol de un solo salto. Dio unos pasos hacia el resplandor que llegaba cada vez con más nitidez. Al alcanzar el final de los árboles y ver el claro que hacía el centro del parque con la fuente vio a varías personas con túnicas totalmente negras, con capuchas, pero lo que realmente la dejo helada literalmente, eran sus caras, totalmente blancas, brillaban a la luz de las antorchas que portaban en las manos, como el suelo de un museo recién pulido.

Al principio pensó que eran mascaras y que algunos jóvenes del pueblo estaban haciendo alguna de las suyas, para celebrar la noche de Halloween, pero se dio cuenta que no era así. Que no eran mascaras, sino la palidez de sus rostros, blancos y fríos como el mármol.

Miraba hacía todos lados intentando buscar un lugar por el que pasar sin tener que cruzar por delante de aquél grupo tan extraño. Cuando por el rabillo del ojo vio que algo se movía a su derecha, giro la cabeza y vio al gato negro que se dirigía derecho al centro de aquellas personas. Dio unos pasos más escorándose hacía la izquierda por donde parecía que podría cruzar sin tener que acercarse demasiado al grupo, que seguía como en trance, moviendo el cuerpo al ritmo de un salmo o rezo que estaban recitando todos a la vez.

Linda logro oír parte de lo que salmodiaban

Noches de luna llena.

Noches oscuras.

Noches de brujas y magos.

Ven a nosotros, acércate.

Deja de luchar, te vamos a coger.

Déjate llevar, él te esta esperando.

Viene a buscarte ya….

Mientras se alejaba de aquel grupo de locos, alcanzo el sendero que llevaba al norte, y se quedo dudosa en coger este camino y perderse de una vez por todas en su interior, salir de aquel parque cuanto antes, pero cuando fue a entrar en él, el gato negro — ¿Era el mismo, o sería otro? No estaba para acertijos ahora— Se encrespo, erizándosele todos los pelos del lomo y bufando de tal forma que Linda sintió pánico, reculo hacía el centro del parque viéndose rodeada por aquellos seres de rostro marmóreo con su cántico hipnótico.

Cerraron el circulo a su alrededor, mientras Linda presa del terror, se quedaba inerte en un estado de shock. Continuando con el cántico que ahora llegaba claramente a los oídos de la chica.

… Él será tu salvador.

Él será tu nuevo dios.

A él te abrirás, un hijo le darás.

Da un paso más hacía él.

Ve más allá.

Ve más allá.

De repente sintió unos golpes sordos. Toc, toc. Como si alguien golpeara en un cristal. Linda abrió los ojos aturdida. Se encontraba en la tienda, sentada en el taburete que tenía detrás del mostrador, parecía que se había quedado dormida mientras terminaba de realizar el balance del día anterior. Su cabeza parecía que le iba a estallar del dolor que tenía. Miro hacía la cristalera y vio a su compañera haciéndole gestos para que la abriera la puerta.

Aturdida como estaba, recordó lo que había sucedido la noche anterior, no sabía como había llegado de nuevo a la tienda. Pero era todo tan vivido, que dudo que fuera un sueño o más bien una pesadilla.

Es su cabeza aún resonaban aquellas tres palabras que daban nombre a su pueblo.

Ve más allá.

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La Leyenda de la Sirena Serona.


Os voy a contar una historia.

Erase una vez en un pueblo de Extremadura  había (o hay) una sirena. Dice la historia que este ser mitológico.

¿Bueno sabéis una cosa?

Es mejor que os hagáis con el libro en amazon y lo leáis. Estoy convencido de que os va a gustar.

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La Leyenda de la Sirena Serona.


Hace ya muchos años corría el rumor que en un lugar de Extremadura vivía una sirena. Un ser mitológico, que a día de hoy no se sabe a ciencia cierta si sigue o no en estas tierras.

Os traigo un nuevo relato, en el que podréis saber más de esta leyenda. ¿Será real? ¿O solo será una historia más, contada por los ancianos de la zona?

Podrás descubrirlo a partir hoy en preventa en amazón. Saldrá a la venta el próximo día 9 de septiembre.

En ebook o en papel. Para aquellos que añoran tener las manos ocupadas con el formato orgánico.

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El bar del Búho. (2ª parte)


¿Leíste la primera parte del “El bar del Búho”? ¡No! pues hazlo ahora, seguro que te dejara con los ojos muy abiertos.

https://antoncaes.wordpress.com/2017/04/19/bar-el-buho/

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Al cabo de una semana, llegaron al búho dos amigos de aquel que estuvo aquella noche. Venían atraídos por lo que les contó el amigo una noche de borrachera, quisieron ver si la Reme era como la había descrito el sordo, perdón, quise decir el camarero.

Uno de ellos era corto de vista, por lo que llevaba unos cristales culo botella de esas de pasta marrón que en su cara solo se veían gafas y así le llamaban “El gafas.” El otro era alto, escuálido que se parecía más a la lanza de D. Quijote que al mismo hidalgo.

Entraron los dos por la puerta del búho, mejor dicho entro el gafas, al largo lo tuvieron que plegar para que pasara bajo el quicio, si ya su amigo se dio un golpe en la cabeza imaginaos al largo pasando bajo una puerta de poco más de uno setenta.

El camarero al verlos entrar puso cara de circunstancias,

  • Buenas noche nos de dios. — les saludo.
  • Te las dará a ti. — le respondió el largo. A mi de momento lo que me ha dado a sido el lumbago.
  • Si vago parece que es un poco. — le respondió el camarero.
  • Hay que ver, pues si que esta sordo el tío. —le comento el gafas al amigo.
  • Pues ver, lo que se dice ver, no es que veas mucho tú. —le replico el camarero mientras le señalaba las gafas.

Un cliente que estaba sentado al fondo de la barra le comenta al camarero.

  • Estos dos no son de por aquí, se han equivocado de antro.
  • No, no creo que se hayan equivocado tanto al venir aquí. — le dijo el camarero.
  • ¿Que van a tomar los señores? — les pregunto con sorna,
  • Dos cervezas. — dijo el largo.
  • ¿Con o Sin? — le volvió a preguntar.
  • Si esta la Reme, Con ella, si no, Sin ella.

Jajaja. Se echo a reír el gafas, muy bueno si señor.

  • Para buena la Reme, dijo el parroquiano de la barra, vaya par de… Te quitan el sentido.
  • A mí con que me quite otra cosa me conformo y que no sea la cartera. — le dijo el gafas.

En eso que entra la Reme por la puerta, Una jamona de metro sesenta con una talla de sujetador de uno diez, por falda llevaba un cinturón ancho, al andar las nalgas iban por separado cuando una iba la otra volvía, al ver a aquella mujer al gafas se le empañaron los cristales y se le subieron unos calores para arriba que se le rizo hasta el pelo.

  • Buenas Reme. — le saludo el parroquiano.
  • Que tiene de buenas. — contesto esta un poco seca.
  • Tú todo — le dijo el largo.
  • ¿Quién es este? —preguntó la Reme al camarero. — O es que se te ha caído un puntal del techo.
  • Es un cliente nuevo.
  • ¿Nuevo? Este ya tiene unos añitos majo, vamos que la comunión ya no la hace.
  • Joer Reme siempre con tus salidas. —le contesto el camarero.
  • Para salida yo, estoy que parezco una estufa de leña. — le dijo esta mientras le guiñaba un ojo al gafas.
  • Leña te daba yo. — le respondió aquél.
  • Tú lo que me das es pena. — dijo ella riendo. —Te quito las gafas y no me ves ni pegando tu cara a mis tetas.
  • Pero te palpo si hace falta. — le contesto él riendo.
  • ¿Y tú no dices nada? — le dice al largo que los miraba como hubiera perdido el norte.
  • Que quieres que te diga Reme, que estas para comerte. Vamos que estas muy buena.
  • Como sabes que estoy buena si ni siquiera me has catado. —le dijo con mucha sorna la Reme. — Esto es mucho pan para tan poco tocino. — le respondió haciendo un gesto como si abarcara su cuerpo.
  • Eso es un cuerpo y no el de la guardia civil. — dijo el gafas.

El cliente que no se perdía detalle de la conversación les dice.

  • ¡Cuerpo! — con una sonrisa de oreja a oreja. — Es todo un destacamento, os coge y os deja seco a los dos, que parecéis la i y el punto.
  • Os coge y os deja seco, y punto. — le corrige el camarero mientras ríe.

La Reme le contesto a aquellos dos.

  • Mira quienes fueron a hablar, si no podéis con lo que tenéis en casa vais a dar lecciones. Me voy que esto es mucho arroz para tan pocos pollos.

El camarero le salto.

  • Ida estas tú hace mucho Reme.
  • Ida y salida. — le respondió la Reme mientras salía por la puerta.

Los cuatro se miraron y se echaron a reír. La Reme era mucha Reme.

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Habitación 308 Hotel 18X Barcelona.


Relato de terror para el taller de escritura de  FlemingLAB

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la habitacion

Habitación 308 Hotel 18XX Barcelona.

Aquella tarde llegué a la estación de Sanz de Barcelona a las 17,00 horas, al salir de la terminal cogí un taxi que me llevó al puerto donde al día siguiente salía un barco para el que tenía el billete, facturé el equipaje que llevaba y como aún era temprano decidí dar una vuelta por la ciudad, el taxi me dejo en la parte baja de las ramblas y fui subiendo dando un paseo y admirando todo lo que había a mi alrededor.

Los edificios señoriales restaurados y adaptados a los nuevos tiempos, como el teatro del liceo, mi visita no podía dejar pasar el mercado de la Boqueria, unos de los primeros de Barcelona. Las ramblas se encontraban atestadas de gente paseando, comprando en los kioscos que hay a lo largo de toda la avenida o disfrutando de los músicos callejeros que tocan para sacarse unos céntimos, se empezaba a hacer tarde y decidí dejar el turismo y retirarme a descansar, me dirigí al hotel en el que tenía una reserva para pasar la noche y que se encontraba en la misma avenida.

El hotel se llama 18XX un hotel del siglo XIX construido en lo que fue la Compañía General de Tabacos de Filipinas, totalmente restaurado y modernizado, pero con una historia en sus muros para recordar. Entre en la hall y era como cruzar las puertas a otro mundo completamente distinto a lo que estamos acostumbrados, me dirigí a la recepción y el recepcionista con un trato muy amable me tomo los datos y me entrego la llave de la habitación.

— Su habitación es la 308 caballero, tercer piso. Luego me indico donde estaban los ascensores y el horario del comedor para los desayunos.

  • Muchas gracias. —conteste, recogí mi bolso que había dejado a mis pies y me dirigí al ascensor.

Subí en hasta la tercera planta y recorrí el pasillo hasta mi habitación, al abrir la puerta estaba todo en penumbras, solo se escuchaba el zumbido del aire acondicionado que se había activado al meter la tarjeta en su ranura.

Deje el bolso en un taburete a los pies de la cama y me tire encima la cama. El cansancio empezaba a dejarse notar en mis músculos, hoy había sido un día completo y necesitaba un poco de descanso.

En estos pensamientos estaba cuando me envolvió el sueño, y me deje llevar por esa sensación de paz que solo se consigue ese momento de duermevela que te va arrastrando a lo más hondo del subconsciente.

Algo me empezó a agitar en mi placido sueño, era como un ruido de cristales cuando crujen antes de hacerse añicos, aquellos sonidos hicieron que volviera mi sueño algo agitado, como con miedo a salir de tu zona de confort de forma precipitada.

Me incorpore en la cama mirando a todos lados en aquella negrura que me rodeaba y me engullía, era una oscuridad densa palpable casi se podía rasgar con los dedos, mire al frente y un brillo. Que me puso los pelos de punta, me quede fijo mirando, era el espejo que había encima del pequeño mueble de la habitación y que contenía la nevera con los snacks y las bebidas que ofrecen casi todos los hoteles.

Unos ojos me miraban desde dentro del espejo, un escalofrío recorrió mi cuerpo a pesar de haber apagado el aire acondicionado antes de acostarme, me levante de la cama y las piernas me temblaban de miedo, me acerque lentamente hasta el espejo, para ver que había algo más que unos ojos, cuanto más cerca, mejor se iba perfilando un rostro, debía de tratarse de un hombre por su estructura ósea, nariz aguileña y barbilla prominente, ¡Los ojos! Los ojos eran terroríficos, hundidos en sus cuencas y con un brillo que acongojaba al más valiente.

  • ¿Qui qui, quién eres? Le pregunte en un susurro y con la voz temblorosa.
  • Acaso eso importa. —oí responder dentro de mi cabeza.
  • ¿Que quieres de mi?
  • ¿No lo sabes aún? — me contesto.
  • ¿Qué debo saber? — dije, un dolor de cabeza estaba comenzando, como si me oprimieran el cerebro.
  • Porque estas aquí y para que has venido hasta mi.
  • No se a que te refieres, solo estoy de paso, solo he venido a pasar una noche y mañana me embarco para Grecia.
  • Jajaja.

Aquella risa hizo que algo se rompiera dentro de mi cabeza, como si hubieran tensado demasiado los cables de un circuito y de hubieran partido por el medio con cientos de filamentos de cobre rozándose entre sí y dieran chisporretazos, cada uno era una punzada de dolor que recibía mi mente.

Fui reculando hasta sentarme en la cama, no podía dar crédito a aquello, que tenía que ver yo en todo aquello, empecé a decirme que era una pesadilla, que estaba soñando, que pronto se haría de día y despertaría de aquel sueño.

Pero esa voz no dejaba de reírse dentro de mi cabeza.

  • ¿Tú crees que es un sueño? ¿De verdad lo crees señor Ferdinal? —me dijo con ironía en su voz.
  • ¿Ferdinal? Yo no soy ningún Fernidal, ni conozco a nadie con ese nombre.
  • Que mala es la memoria humana, que pronto olvida lo que quiere olvidar. ¿Ya no recuerdas donde nos encontramos? — Me grito clavando sus ojos en mi rostro. Encogí y el miedo empezó a convertirse en un pánico, los espasmos de mi cuerpo eran ya sacudidas incontrolables.
  • Tú acabaste con mi vida hace cien años, tal día como hoy decidiste robarme un contrato con la compañía de tabacos que por entonces tenía aquí su sede, embaucaste para que subiera a este almacén, una vez aquí me clavaste un puñal en el pecho y encerraste mi cuerpo en un cajón que debía salir para Filipinas al día siguiente, pero dejaste atrás mi espíritu, he vagado por este edificio cien años esperando que volvieras, sabía que volverías, los asesinos siempre vuelven al lugar donde perpetran su crimen, te sentí en cuanto cruzaste las puertas y la felicidad se reflejo en mi rostro ¿No lo notas? — me dijo mirándome con esa intensidad desacostumbrada.

Al acabar de hablar una mueca cubrió su rostro y me encogí agarrándome los tobillos y sintiendo como algo calido se me escapaba por las piernas e iba helándose a medida que bajaba por mis piernas para acabar haciendo un cerco en la cama.

Ya no podía contestar algo acabo por romperse dentro de mi cabeza y así me encontraron a la mañana siguiente cuando el recepcionista al llamar a las ocho de la mañana —tal y como le había pedido que hicieran la noche antes— Al no contestar se extraño y mando a un compañero que subiera a ver que pasaba.

El empleado me encontró mirando al espejo con los ojos perdidos temblando, la baba se me escurría por la comisura de los labios y balbuceaba cosas inteligibles.

Los servicios sanitarios llegaron y me trasladaron a este sanatorio en el que llevo ya cinco años mirando a un espejo que no hay, viendo una cara que se ríe día tras día, noche tras noche, esperando a que me reúna con ella, pero mientras eso sucede sigue atormentando mi mente.

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El Bar del Búho.


Relato  de humor escrito para el taller de escritura FlemingLAB

de Juan Re Crivello.

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El bar del Búho.

Aquella era una noche fría, las nubes ocultaban la luna y las sombras se alargaban como  los chicles Boomer. Una solitaria silueta avanzaba por la calle pegada a los edificios para mitigar el frío que arrecia su cuerpo.

De pronto estornudó.

  • Jesús que frío hace, necesito meter algo al cuerpo que me caliente un poco.

Iba pensando cuando de repente piso un gato. Mahouuuuuuu.

  • Eso es, una mahou fresquita me vendría bien, pero donde ir a estas horas, parece que esta todo cerrado.

En la lejanía se oyó el ulular de una lechuza “buuuuuh… buuuuuh”.

  • Tienes razón, el búho debe de estar abierto a estas horas, allí podré tomarme una mahou.

Llego a el búho y al entrar se dio un golpe en la cabeza en el quicio de la puerta.

  • Joder que daño.
  • 2017, cinco de abril para ser más exactos. — le respondió el camarero, que había entendido otra cosa— ¿Se ha perdido? — Le pregunto.
  • A usted que le importa si soy o no un perdido, ponme una mahou.
  • Perdón, no se enfade, siéntese y le sirvo enseguida.
  • Tú a mí para lo único que me sirves es para ponerme esa maldita cerveza, pero al paso que vas se va a calentar.
  • Para caliente… la Remedios ¡esa si que!

Dijo el camarero mientras hacia gestos con las manos sobre sus tetas.

  • Vaya tela, la que me ha tocado con este abrebotellas — le contesto el cliente.
  • ¡Oiga! Que yo no le he tocado nada, para tocar y otros menesteres esta la Reme, si quiere la llamo. —replico el camarero.
  • No, veras como al final me coloca a la tal Remedios el papanatas este.
  • Vaya pues si que es usted exigente, no quiere las aceitunas ahora quiere patatas.
  • ¿Usted esta un poco sordo, no?
  • Y a usted que le importa si estoy gordo o no.

Murmuro el otro, algo que confirmaba lo que el sospechaba ya.

  • ¿A qué ha venido a beber o a insultarme? — dijo un poco malhumorado el camarero.
  • A beber una cerveza pero visto lo visto, mejor ponme un whisky.
  • ¿Solo?
  • ¿Ve a alguien más aquí?
  • No hombre, me refería a si lo quería solo o on de rock
  • ¿Tu me ves que este para bailar?
  • Joder y luego soy yo el sordo. —replico el barman.— ¿Qué whisky le pongo?
  • Uno de Malta.
  • Lo siento pero solo lo tengo escocés o irlandés, pero no maltes.
  • Pues un irlandés calentito me iría bien.
  • Y lo querrá pelirrojo de metro ochenta y ojos azules ¡El señor!
  • El señor se conforma con un par de velas, a mi ponme ese whisky de una puta vez.
  • Ya le he dicho que la puta es la Reme, yo solo soy el camarero.

Aquello ya saco de sus casillas a aquel hombre

  • Joder con el con la puta de la Reme, no si al final veras como me la mete el tonto este.
  • Es mejor que se la meta usted a ella, a mi no me van los tríos.
  • ¡Pero que coño hablas ahora de tríos, ni leches!
  • Lo siento pero la cafetera esta apagada. —le dijo el camarero— si quiere el whisky bien y si no se puede largar que cierre, lleva aquí una hora y no se ha bebido ni un puto vaso de agua.
  • Vaya un camarero estúpido este, no me extraña que no haya ningún parroquiano en este antro.
  • Si lo que buscaba era la iglesia se ha confundido, esta dos calles más arriba y ahora coja la puerta y lárguese. —Soltó el sordo de malos modos.
  • Para que coño quiero yo la puerta, con que me dejara un abrigo para paliar el frío sería suficiente. —dijo el otro saliendo por la puerta.

El camarero fue tras el para cerrar, pero antes se asomó y le grito:

—Si tenía frío debía haberme dejado avisar a la Reme y le habría hecho entrar en calor.

¡Usted se lo ha perdido! ¡Idiota!

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DE CAMINO AL INFIERNO. Último capitulo.


Leer el primer capitulo. 

Leer el segundo capitulo.

Leer el tercer capitulo.

Leer el cuarto capitulo.

Último capitulo.

Conseguí establecer una rutina en las guardias y saber cuál era el más descuidado en su vigilancia, así se lo  hice entender a mis dos compañeros que estaban más nerviosos, hasta el punto de cometer una serie de errores que no pasaron desapercibidos para los orcos que nos custodiaban y eso les hizo recibir varias tandas de latigazos, en especial a Nando. Le dejaron la espalda hecha un cuadro, lo que hizo que se debilitara a unos extremos que temimos por su vida, apenas se podía mover a pesar de los cuidados a los que le sometimos, pasada una semana de mi inventada cronología comenzó a recuperarse un poco.

  • Tener más cuidado, nos van a separar, o lo que es peor nos van a matar a latigazos como no seamos más precavidos en lo que hacemos.
  • Lo siento- —Me contesto Nando.
  • Y tanto que lo sientes los golpes te los estas llevando todos. —Le dije de broma.
  • —Se río el enano.
  • De que te ríes, si tú también te has llevado unos cuantos.
  • Si no fueran tantos a este le iba a meter el látigo por el culo. —Mascullo el enano malhumorado.

De repente una algarabía empezó a escucharse al otro extremo de la caverna, el sonido de las voces llegaba por una de las galerías como si vinieran cientos de bestias rugiendo y corriendo al galope. Al cabo de poco empezaron a salir unos seres peludos, patizambos y con unas narices gordas y moradas, los brazos los tenían muy largos casi les llegaban al suelo, lo que les confería un aspecto algo cómico,  aunque de cómicos tenían poco ya que los primeros al pasar entre los prisioneros los pegaron empellones y patearon para apartarlos de su camino, los demás se empezaron a apartar rápidamente para evitar ser atropellados y maltratados por aquellas bestias.

  • ¡Trolls! Lo que nos faltaba. —Bramo Golin— Mas nos vale que estén de paso por que si no lo llevamos mal.
  • ¿Por qué? ¿Tan peligrosos son? —Le pregunte.
  • Son seres despreciables, ruines, con mucha maldad y lo peor es que como muera alguien, no se lo van a llevar para tirarlo por ahí, directamente se lo comerán.
  • Joder, pues vamos de mal en peor, tenemos que salir cuanto antes de aquí —soltó Nando con furia.
  • No podemos entretenernos o nos largamos pronto o no salimos vivos. — dije mirando hacía los trolls — mañana al cambio de la segunda guardia será el mejor momento para huir, tenéis que estar preparados a mi señal.
  • ¿Como lo haremos? —Me pregunto Nando.
  • Nos adentraremos en la galería que baja hacía el centro de la montaña, no creo que se den cuenta de nuestra fuga hasta pasado una o dos horas y nos buscaran por las galerías que suben a la superficie. — Les dije.
  • ¿Estas seguro?
  • No, pero al menos tenemos que intentarlo y Golin se orienta mejor que nosotros, hay que bajar, tiene que haber alguna salida y la vamos a encontrar.

Pasamos todo el día hechos un manojo de nervios, con un miedo atroz a cometer alguna torpeza que nos complicara más si cabe la huida, el tiempo paso lento, agonizante, hasta que llego el momento esperado, cuando el orco que nos custodiaba se dirigió hacía la galería principal para buscar el relevo, les hice un gesto a ambos y nos adentramos de uno en uno en la galería que llevaba a la caverna donde guisaban las mujeres y una vez allí nos desviamos por un pasadizo más pequeño que bajaba de manera sinuosa hacía el centro de la montaña. El enano se puso al frente abriendo el camino, Nando iba en medio y yo cerraba la fila apurándoles para que fueran más deprisa.

  • Más rápido, daos prisa tenemos que poner tierra de por medio antes de que se den cuenta y salgan en nuestra búsqueda, si nos cogen estamos muertos.
  • Voy todo lo rápido que me dan las mis cortas piernas —resoplo el enano.
  • Venga vamos Golin, sácanos de aquí y te pago una cena.
  • Te cojo la palabra —contesto — Un asado bien tostadito y una jarra de cerveza bien fría, que rico.
  • Calla, calla que nos vas a matar del gusto con solo pensarlo, cuenta con ello en cuanto estemos fuera.
  • Shssssss.

Nos hace callar el enano.

  • Alguien se acerca por delante.
  • Estamos listos entonces, aquí no tenemos donde escondernos. —Dije en un susurro.
  • Deprisa, unos metros más adelante hay un recodo, nos meteremos ahí y esperaremos a que pase.

Insistió el enano, que veía casi lo que nosotros no podíamos ver ni con antorchas. A la vez que preparaba el palo del pico que llevaba en la espalda colgado, imitamos su acción con los que habíamos cogido nosotros. Esperamos en completo silencio mientras oíamos sus pisadas acercándose a nosotros, cada vez estaba más cerca y al llegar a nuestra altura nos olio y se paró de golpe, el enano sin pensárselo dos veces salto con el palo en alto, golpeándolo en la cabeza con todas sus fuerzas, oí como crujía el cráneo y caía al suelo con un sonido sordo.

Nando y yo salimos detrás de él pero no hizo falta que le golpeáramos había caído fulminado por el golpe. Entonces es cuando vimos que era un orco que volvía a la caverna principal.

  • Ayudadme —nos dijo el enano—  Tenemos que arrastrarlo hasta ese recodo.
  • De que nos va a servir, ya habéis visto como nos ha olido. —dijo Nando.
  • Pero ha sido tarde para él —le espete— Al menos si lo escondemos conseguiremos retrasar que lo descubran y lo hagan lo más tarde posible.
  • Está bien hagámoslo. — Dijo mientras lo agarraba por un brazo.

Lo arrastramos hasta el recodo en el que nos habíamos escondido y lo dejamos.

  • Deprisa tenemos que largarnos rápido, los troll pueden oler la sangre a cientos de metros.
  • Mierda, no vamos a conseguir escapar.
  • Déjate de lamentaciones y vamos, ya no hay marcha atrás, si este venia por esta galería es porque hay salida por algún sitio, solo hay que encontrarla. — Les dije.
  • Si y evitar que nos encuentren que es lo más complicado. —Escupió Nando.
  • Pues correr, ya — dije.

Sin mediar ni una palabra más nos pusimos en marcha a un paso que era más un trote, seguimos bajando dando vueltas y más vueltas, sin dejar en ningún momento la galería principal. Escuchamos de repente un sonido que retumbaba por toda la montaña. ¡¡Turuuuuuuuu!! Han encontrado al orco, por tanto nuestro rastro también, echamos a correr intentando poner distancia entre nosotros y nuestros perseguidores, cansados como estábamos solo nos mantenía en pie la adrenalina que nuestro cuerpo desprendía, sabía que en cuanto nos relajáramos un poco  afloraría todo el agotamiento, solo paramos para beber un poco de agua que manaba de un manantial subterráneo, sabia a hierro, pero era mejor que nada. Llego un momento que tanto Nando como yo no podíamos seguir, necesitábamos descansar, el enano más acostumbrado a las largas caminatas tenía una resistencia increíble a pesar de haber estado tanto tiempo prisionero y nos alentaba a seguir adelante. Vamos aguantar un poco más ya tenemos que estar cerca, hay que seguir, no os paréis ahora, vamos – decía sin parar una y otra vez.

Al cabo de una eternidad vimos un poco de claridad, apretamos el paso creyendo que era la tan ansiada luz del día, recibimos un tremendo chasco al salir a una caverna iluminada por antorchas era muy grande y tan alta que no se veía el techo, solo se oía un gotear constante de agua que caía a lo que parecía un lago que desaparecía de nuestra vista, nos acercamos a la orilla y vimos un pequeño bote entre las rocas, sin pensarlo dos veces nos subimos y empezamos a remar; cogimos un remo el enano y otro yo, mientras Nando tomaba resuello. Al poco vimos luces de antorchas que se acercaban al agua desde el fondo de la caverna por donde habíamos llegado, iban acompañados de gritos guturales mezclados con insultos que podíamos entender, cuando empezamos a distinguirlos había alrededor de unas treinta o cuarenta antorchas y muchas sombras que se movían en la oscuridad, nos empezamos a poner nerviosos, muy nerviosos si aquella horda de orcos nos cogía nos despedazarían aquí mismo por lo que le dimos más rápido al remo, Nando se puso con el enano y le dio más impulso al bote, Golin chillo presa de los nervios y la emoción.

  • Veo luz, al fondo veo claridad estamos llegando a una salida, vamos remad deprisa, que casi llegamos al final.

Gastando las últimas fuerzas, resollando como caballos de carreras espoleados al galope, seguimos impulsado los remos, nos iba la vida en ello, yo que iba de espaldas a la luz veía como los orcos habían echado botes al agua y se acercaban a una velocidad increíble para unos seres tan torpes en apariencia.

Nando  de repente soltó el remo y cayo hacía el fondo del bote.

  • Nando vamos un último esfuerzo
  • No puedo más lo siento amigos, me es imposible los músculos no me responden — Dijo en un leve susurro, casi lo conseguimos.

Miré a Golin y su cara estaba blanca, como si se hubiera quedado sin sangre por el terrible esfuerzo al que había sometido a su cuerpo, ya remaba por la pura inercia del movimiento que había estado realizando, no por que fuera consciente de ello.

  • Vamos amigo un último esfuerzo que ya casi lo hemos conseguido —le alenté al pequeño gran hombre.

Pero de nada servia, nuestros cuerpos se negaban a obedecer a nuestro cerebro, los orcos se nos echaban encima a una velocidad que era impensable ya el poder escapar, tan cerca y tan lejos de nuestra libertad.

Nos cercaron y nos llevaron de nuevo a la orilla, al llegar nos desembarcaron a empujones y Nando se golpeo la cabeza contra una piedra, perdiendo el conocimiento.

  • Malditos cabrones lo vais a matar — les grite presa de la rabia.
  • No matarrrr nosotross, matarrrr vosotros por querer escaparrrr

Dijo uno de los orcos que no había visto nunca hasta ese momento, hizo un gesto con la cabeza a otro que estaba a su lado en dirección a Nando y se fue hacia él con un sable en mano y le corto la cabeza de un solo golpe, luego se quedo mirando a su jefe y este volvió a asentir.

  • ¡Lo has matado hijo de puta, has matado a mi amigo! —Grité desconsolado.

Mientras le chillaba, el del espadón se dirigió hacía nosotros, el enano los insultaba con palabras que yo nunca había oído en mi vida, a la misma vez que me quedaba blanco esperando lo inevitable, por lo que me lance de cabeza a por el ogro, no se si para quitarle el arma, para evitar que matara a mi amigo o para acabar cuanto antes. El orco levanto el espadón y lo descargó sobre mi cabeza y de repente una luz blanca me cegó antes de envolverme en una oscuridad absoluta.

Poco a poco fui recobrando la conciencia y una claridad me daba en la cara de refilón,  notaba calor, como si un rayo de sol entrara por algún resquicio y me estuviera dando en la cara, no me atrevía a abrir los ojos por miedo a encontrarme la muerte de cara, los empecé a abrir poco a poco y me di cuenta que estaba en la cabaña en la que me había metido para pasar la noche y que todo había sido un sueño que seguía vivo en mi, me levante para salir de aquel chozo y de aquella montaña lo más rápido que me permitieran las piernas.

                                           Fin.

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Micro-Relato.


53.

Cansado hasta el agotamiento te vi allí sola, tranquila.

Sin pensarlo (por el agotamiento) me tire a la bartola.

Pasados casi once años llamaron al timbre,

al abrir la puerta vi allí aún niño de diez años mas o menos,

al preguntarle ¿Quién era y que quería? Me dijo.

  • Me llamo Remo… y soy tu hijo.
  • ¿Mi hijo? Yo no tengo hijos.

Entonces me recordó aquella noche, once años atrás, en el que agotado por el cansancio, me tire a la Bartola.

Moraleja: Ten cuidado cuando te tires a la Bartola, porque como te descuides tendrás Remor…dimientos.

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DE CAMINO AL INFIERNO. CAPITULO 4.


Leer el primer capitulo. 

Leer el segundo capitulo.

Leer el tercer capitulo.

Capitulo 4.

Establecí un periodo de tiempo aproximado, cuando traían prisioneros debía de ser de noche, luego calcule los cambios de los guardias que nos vigilaban lo hacían dos veces al día por lo que supuse que era una vez por la mañana y otra por la noche, siempre eran los mismos por lo que imagine que eran de menor rango y no pertenecían a las milicias que hacían las incursiones en busca de mano de obra para la mina.

Con el paso del tiempo a algunos de mis compañeros de presidio se les fue ablandando el recelo hacía mi persona y poco a poco pude ir sonsacando algo de información, al primero fue a un hombre bajito con mucha barba y una nariz aguileña, muy robusto para su estatura, era quizás el más fuerte y el más hablador de todos, una vez te cogía confianza ya que también era el más desconfiado de todos. Se llamaba Golin.

  • Golin, ¿Puedo hacerte una pregunta?
  • ¿Puedo evitarlo?
  • Ja ja. Si y no, puedes contestar o puedes callar si te molesta.
  • ¿Qué quieres saber?
  • ¿De donde eres? Y ¿De qué raza?
  • Esta claro que soy un enano, nacido en las montañas de hierro, nuestra raza vive debajo de las montañas.
  • ¿Entonces aquí estas como en casa, con la salvedad que estas preso?
  • Menuda comparación. Es verdad que estoy acostumbrado desde que nací a estar bajo los túneles de las montañas durante semanas enteras, pero también necesitamos salir a las cornisas de las laderas a contemplar el sol y cazar por los bosques como vosotros los humanos.
  • Si quizás en eso tengas razón, todos necesitamos el aire puro y fresco de vez en cuando.
  • ¿Y esos de ahí? —le indique a un grupo de seres con una tez pálida como la luna y con orejas puntiagudas.
  • ¿Esos? Son Elfos de los bosques prohibidos, no se como pudieron cogerlos, es muy difícil apresarlos son grandes guerreros.
  • ¿Elfos? Creí que eran un mito, que solo existían en las historias de los libros antiguos.
  • Todo lo que se dice en las historias han salido de alguna realidad, que por lo que quiera que sea ha decidido ocultarse a los humanos, por su bien y por el de todas las razas.
  • ¿Que quieres decir con eso?
  • Pues que los seres humanos son destructivos, ambiciosos y envidiosos entre otras cosas, las demás razas nos hemos ocultado durante generaciones por miedo a que los humanos nos aniquilen tan solo por la avaricia de riquezas, de poseer nuestras ciudades, somos razas antiguas estamos en la tierra desde que el mundo es mundo y los humanos solo llevan unos pocos miles de años y se creen con derecho a todo; arrasan los bosques, talando los árboles, cazando por el gusto de cazar; nosotros solo cazamos lo que necesitamos y siempre hemos cuidado mucho de no matar a hembras preñadas en época de cría, sea de la especie que sea, solo matamos a los machos, vosotros arrasáis con todo.
  • ¿Qué más razas hay aquí? —Le volví a preguntar por desviarle del tema.
  • Allí en los hornos están los Gnomos, son poca cosa en cuanto a tamaño y comprensión, pero de una gran inteligencia, viven en lo profundo de los bosques debajo de los árboles centenarios, tienen un gran conocimiento de las plantas y son grandes amigos de los animales. — siguió contándome el enano.

El guardián se dio cuenta de nuestra charla y nos amenazo con el látigo para que nos calláramos y siguiéramos trabajando, mi amigo se cerró en banda ante la amenaza y no tuve manera de sacarle una palabra más.

Cuando nos trajeron de comer me acerque a unos de los últimos prisioneros que habían puesto en nuestro grupo, era un humano que como yo había apresado en un camino no muy lejos de la montaña, al parecer se dirigía hacia las llanuras, cuando lo sorprendieron en plena noche.

  • Hola, te he visto llegar hace poco, ¿Qué día era cuando te han hecho prisionero? — Le pregunte — Aquí la noción del tiempo no existe, no hay ni día, ni noche.
  • Era martes 15 de julio, no sé que día es hoy. — Me dijo aquel hombre. —Me llamo Nando.
  • Yo soy Román y este es Golin. —Le conteste mientras trataba de digerir lo que me había dicho.
  • ¿Cuanto tiempo llevas aquí? —Me pregunto
  • Llevo ya más de dos meses.
  • ¿Cómo te cogieron? — Me volvió a preguntar.
  • Como a todos al parecer, era noche, casi en la cima de la montaña iba al pueblo que hay al otro lado, me esperaban allí.
  • Había — me dijo. — Ahora solo hay casas vacías, la gente ha abandonado el pueblo, había rumores de que algo pasaba en la montaña, se ve que el humo de los fuegos de aquí abajo sale por algunas chimeneas, la gente del pueblo tenía miedo de que hubiera un volcán despertándose, así que decidieron abandonarlo.
  • Tiene que haber alguna forma de salir de aquí. —Masculle entre dientes, más para mí que para que me oyera nadie.
  • ¿Tú crees? ¿Pero cómo?
  • No lo sé, pero tiene que haberla, no quiero acabar mis días prisionero en este infierno. Quiero volver a ver el sol y respirar aire puro.—Seguí diciendo en un susurro presa de la desesperación.
  • Si hay alguna forma cuenta conmigo. —Dijo Nando.
  • Y conmigo. — Escuche a decir a Golin.

Gracias amigos, estoy seguro que con vuestra ayuda lo conseguiremos, empezare a pensar la forma de salir de aquí.

Continuara…

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