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El bingo


Relato escrito para.

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Estaba esperando debajo de aquel paso subterráneo; sabía que su presa debía pasar por allí. Lo había seguido durante tres noches, desde que abandonaba aquel salón de bingo hasta la misma puerta de su casa. Esa noche tuvo la osadía de entrar en el establecimiento para ver a su víctima. Se sentó en una mesa apartada, desde la que podía vigilar pasando desapercibido; se pidió una copa y compró dos cartones para no dar la nota.

Apenas estaba pendiente de sus cartones vio cómo su víctima cantaba un sustancioso bingo y cómo guardaba el dinero en un sobre. Al cabo de media hora se levantó y se fue a aquel paso donde lo acecharía. Eran casi la dos de la mañana, faltaba poco para que su presa bajara la escalera y entrara en la oscuridad de aquel agujero. Él se había encargado de que así fuera, rompiendo las bombillas y ocultándose en lo más oscuro del pasadizo.

Aquel incauto bajaba por las escaleras que atravesaban la calzada por aquel pasaje; acostumbraba a hacerlo en vez de pasar por arriba, aún a sabiendas que a aquella hora había poco tránsito de vehículos; era un hombre de rutinas y no podía evitarlo. Entró en el pasadizo y se paró un segundo. No había luces en todo el trayecto; algo que le sorprendió mucho, pues era la primera vez que aquello le sucedía. Pasado el momento de sorpresa, se encogió de hombros y reanudó su camino. ¿Se habrá estropeado el conmutador que da corriente a la línea? _pensó.

El cazador estaba agazapado en las sombras esperando a su presa, cuando vio que se paraba al principio del pasaje. Se puso un poco nervioso, temió que se diera la vuelta sobre sus pasos, _debí dejar la última luz del otro lado, le hubiera dado algo más de confianza para pasar _pensó. Al ver que su víctima reanudaba su andar, se relajó un poco, sacó una navaja de grandes dimensiones y esperó a que estuviera a su altura.

Este hombre iba confiado, estaba contento, hacía ya tiempo que no cantaba un bingo tan sustancioso. Es verdad que había cantado algunos, pero todos de una cuantía muy pequeña; pero hoy había sido muy bueno, nada más y nada menos que casi cuatro mil euros. Solo de recordarlo, se le dibujaba una sonrisa bobalicona en la cara.

El ladrón le dejó pasar por su lado. Cuando estaba a su altura, mantuvo la respiración y la adrenalina se le disparó como un obús. Aún así se mantuvo a la espera. Cuando pasó le salió por detrás y le puso la navaja en el costado.

_No te muevas _le dijo. Dame todo lo que llevas.

_Tranquilo _le pidió la víctima. No hagas nada de lo que tengas que arrepentirte.

_Cállate y entrégame todo el dinero, deprisa _le apremió.

_No tengo nada, no me hagas daño _le suplicó la víctima.

_¡No me mientas! He visto cómo cantabas un bingo y sé que era una buena suma _le dijo el atracador.

_¡Me vigilabas! Joder, parece ser que no tengo escapatoria, no te pongas nervioso _le dijo, muy tranquilo.

_¡Deja ya de hablar y entrégame el dinero, no tengo toda la noche! _le calló de golpe.

_Está bien, tú ganas. ¿Puedes soltarme para que me saque el dinero? Por favor _le pidió.

_No intentes nada o te rajo; no te miento.

_Vale, vale. ¡Uf!, qué mal trago, y yo que creí que esta era mi noche de suerte.

_Que te calles, y dame la pasta deprisa; no te lo vuelvo a repetir _le dijo ya nervioso.

Apretando la hoja de la navaja contra el costado de su víctima, notó cómo se hundía en la ropa rasgando la tela con el filo.

_Tranquilo, tranquilo, toma el dinero _. Le dio un sobre con el dinero.

El atracador le soltó para coger el paquete que su víctima le entregaba, y este daba a su vez unos pasos hacia adelante girándose para ver la cara de su atracador. Se miraron a los ojos y el cazador vio en aquellos ojos algo que no comprendió. Se oyó un ruido atronador en aquel pasadizo y un fogonazo de luz cegó al atracador, a la vez que notaba que algo le quemaba el pecho como un pinchazo ardiente que le penetraba y algo, caliente y viscoso, se le pegaba a la ropa.

Cuando quiso comprender lo que ocurría, ya estaba muerto.

El cazador fue cazado sin saber cómo.

Cuando cayó al suelo, aquel hombre se adelantó. Agarró el sobre que seguía en manos de atracador y le dijo:

_Lástima, si te hubieras quedado un poco más dentro del salón habrías visto que llevaba una pistola y que como tú, me veo obligado a robar para sobrevivir. De haberlo hecho, ahora estarías en tu casa y no tirado en un sucio y oscuro pasadizo.

Se dio la vuelta y se marchó tranquilamente sonriendo, pensando de nuevo en los números de aquel bingo de casi cuatro mil euros que había cantado esa noche.

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Una pareja de inseparables


Este es mi primer relato para “Los 52 Golpes”
52 escritos durante las 52 semanas que tiene el año, un escrito por semana.
Este es el comienzo de mi primer reto para este año 2018
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Una pareja de inseparables

Se conocieron una mañana, ella tan chiquitita, el ya adulto. Estuvieron juntos durante meses y él se dedicaba a enseñarla. Vivían separados aún estando siempre juntos. A el le llamaban Rocky a ella Cobi. Ella creció y por diversas cuestiones tuvieron que separarse.

Todo parecía que aquella relación había finalizado definitivamente. La vida siguió su curso. Durante dos largos años nada ocurrió fuera de la rutina de Rocky. Hasta que una noche por sorpresa, ¡Cobi! volvió a casa sin avisar. Rocky no se lo podía creer, volvían a estar juntos después de dos años.

A la mañana siguiente, salieron de casa y disfrutaron como si fueran inseparables.

Pronto decidieron tener descendencia ya para ello había mucho que preparar. Su nidito de amor fue tomando forma, se fue tornando cómodo acogedor para la familia que habría de llegar pronto.

Rocky como buen padre y mejor pareja estuvo en todo atento y solicito a los cuidados que Cobi pudiera necesitar.

Ahora la pareja esperan con paciencia la llegada de su prole, cuatro descendientes, de una relación que el tiempo no pudo borrar a pesar de la distancia y los días transcurridos, hoy juntos de nuevo, si se puede decir que son una pareja inseparable.

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El Bosque de las sombras


Relato escrito para el curso de escritura de FlemingLab. Masticadores de letras.

El Bosque de las sombras

Galopaba entre los árboles sabiendo que sus perseguidores estaban cerca, las ramas pasaban veloces y algunas le pegaban en pecho y la cara, dejándole arañazos, el caballo veloz levantaba la hierba y los arbustos, desplegando un aroma: A tomillo, cola de caballo, manzanilla y otros olores que se entremezclaban entre si. A su espalda oyó como uno dijo: “Rápido, no paréis, no puede andar lejos hay que cogerlo. Cinco monedas de oro al primero que lo atrape”. Ethart que así se llama el muchacho, azuzaba su cabalgadura todo lo que podía, sabía que si salía de la arboleda no podrían atrapar a su caballo. “Vamos bonito, corre, corre como tu sabes que ya casi estamos” —Le susurraba a su oreja. El animal al oír las palabras de su jinete apretaba el ritmo.

Dejaron atrás el bosque saliendo a campo abierto. Tenía mucha confianza en su caballo, era ágil, veloz como el viento y negro como una noche sin luna. Por el prado podía correr con tal velocidad que apenas levantaba trozos de hierba del suelo, era como si no la tocara. Miró atrás y vio a sus perseguidores salir de entre los árboles, aunque ya estaban muy atrás, habían aprovechado la ventaja que Zahino, su caballo les había sacado en la pradera. Ahora más seguro de si mismo, sabía que les daría esquinazo pronto.

Los perseguidores eran soldados del señor del trueno, hermandad creada a raíz de la guerra de los siete estados. Su jefe o general, era un antiguo comandante del pueblo de los caídos, al ver que el desarrollo de la guerra no lo favorecía. deserto, junto a un grupo de treinta de sus mejores hombres y se adentro en los bosques de las sombras, donde se hizo fuerte y fue conquistando las tierras de alrededor, hasta formar lo que hoy es llamado el estado sombrío, nadie se atreve a oponerse al general Ojo Triste, dueño y señor del ejercito de las sombras.

Ethart, a sus dieciocho inviernos de vida, ya se ha visto obligado a acabar con la vida de varios soldados del trueno; que tuvo suerte, lo reconoce pero también sabe que es bueno con la espada, desde que era un niño se ha entrenado con los otros chicos de la aldea; pronto destaco sobre los demás y eso no gusto al jefe y mucho menos a su hijo, que siendo de la misma edad que Ethart, veía como sus huesos daban contra la tierra una y otra vez.

Cuando el general ataco la aldea nadie se opuso, el jefe se rindió sin siquiera blandir la espada, hinco la rodilla en tierra y se sometió a los usurpadores. Aquello hizo que siguiera como jefe. Ahora bajo el mando del ejercito del trueno y su general.

Algunos de sus vecinos se opusieron, y ello les costó la vida, entre ellos su padre, un simple panadero; vio como una espada le atravesaba el pecho, solo por decir que debían pleitesía al rey y no a un traidor renegado.

El chico al ver a su padre caer atravesado por la espada de un soldado, ataco preso de la ira y del dolor, al general y a sus soldados, matando a dos de ellos, algunos de sus vecinos al verlo se envalentonaron y le ayudaron en la rebelión, pero esta duro poco, los soldados estaban bien entrenados y acostumbrados a la lucha, mientras que ellos, unos aldeanos, apenas si sabían coger la espada, aún así causaron varías bajas, antes de dar su vida. Luther el herrero, que era de los más fuertes le pidió al muchacho que huyera antes de que le mataran.

  • Huye Etthart, huye antes de que te maten.
  • Nunca, prefiero morir a dejar que se salgan con la suya —le dijo el chico.
  • Si te matan, entonces se habrán salido con la suya y las muertes que ha habido hoy aquí, no habrán servido para nada —le dijo el herrero — Detrás del establo he dejado a Zahino ensillado, es el mejor de la aldea, móntalo,  busca ayuda más allá del bosque de las sombras.
  • ¿Y mi padre?
  • Ya no puedes hacer nada por él, le daremos un entierro digno.
  • Esta bien, —dijo vencido el muchacho— pero en cuanto pueda volveré y matare al general.
  • Esperemos que tengas razón chico —dijo apesadumbrado el herrero— ahora vete y que los dioses te acompañen.
  • No olvidare lo que has hecho hoy por mi Luther.

Dijo alejándose de su amigo.

Dio la vuelta al pequeño edificio, cogió las bridas del caballo, de un salto monto a lomos del animal, emprendiendo el galope hacía el bosque.

Uno de los asaltantes vio como huía el chico y aviso a su jefe.

  • ¡General! Alguien intenta escapar a caballo, va hacía el bosque      — grito.
  • Cogedle y traedlo vivo a ser posible — ordeno el general.
  • Vosotros, a los caballos, vamos tras él — Dijo el que había dado el aviso.

Los cuatro soldados que estaban alrededor corrieron a sus caballos, saliendo al galope tras el fugitivo que ya se había internado en el bosque. Cuando creían que lo tenían al alcance de sus espadas, salieron a campo abierto y allí se dieron cuenta de que el caballo de Ethart era más veloz que los suyos, que ya estaban agotados de la carrera, veían como éste, los iba dejando atrás poco a poco y que les sería imposible alcanzarlo, así y todo azuzaron a sus monturas en un intento por acortar distancias, pero los animales empezaron a echar espumarajos por la boca. El que iba al mando del grupo levanto la mano para que pararan.

  • ¡Alto! —grito— dejadlo, los caballos no pueden más.
  • ¿Y el general? —dijo uno de los soldados.
  • Yo hablaré con él —dijo el primero.
  • Lo que tu digas Ronan —contesto el soldado dando la vuelta a la montura.
  • Vamos a descansar un rato y dar un respiro a los caballos —dijo el tal Ronan— volvamos hasta el arroyo que hemos dejado allá atrás, y que beban un poco.

Ethart volvió la cabeza y vio como sus perseguidores desistían en su persecución, y paraban a sus monturas. No por ello freno el galope de Zahino, aunque sí se relajo un poco y el animal lo noto.

El muchacho paro unas millas más adelante junto a una arboleda, para dar un respiro a su compañero de viaje y a la vez descansar. Después del exceso de adrenalina que su cuerpo había ido creando, ahora al verse libre de sus perseguidores y relajarse, sus músculos estaban doloridos después de la tensión a la que se habían visto sometidos. Se sentó a la sombra de un alcornoque, resguardado por unas rocas de la vista de posibles enemigos, y sin darse cuenta siquiera, se quedó dormido, mientras su caballo pastaba a pocos metros, antes le había trabado las patas delanteras para evitar que se alejara más de la cuenta.

Tenía un sueño profundo a causa del cansancio, aún así oyó los cascos de un caballo que se acercaba entre las piedras. Toc, toc, toc. Alguien se aproximo hasta el y empezó a hablarle primero despacio.

—Despierta, vamos, abre los ojos perezoso— ¿Quién podría ser? Acaso lo habían seguido desde la aldea. —Pensó entre sueños—  De repente empezaron a zarandearle y a hablarle con más ímpetu. — Vamos despierta, que se hace tarde, espabila —oía en esa duermevela que no te deja moverte.

  • ¿Qué hora es? —logro preguntar adormilado como estaba.
  • Ya se te hace tarde para ir al instituto. —Su subconsciente conocía aquella voz, pero no la situaba en aquel páramo.

Venga Luis despierta. Al oír aquel nombre algo se despertó en su cerebro. Otra vez te quedaste dormido con el libro en las manos, le dijo una voz de mujer. Seguro que estabas otra vez soñando con alguna de tus aventuras. Anda levántate, que voy hacer para comer la receta que tanto te gusta. Hoy vienen tus primos o tengo que recordarte que hoy es tu cumpleaños —le comento su madre. ¡Felicidades cariño!  a la vez que le daba un beso.

La madre de Luis lo miro con ternura mientras salía de la habitación, sabía que le encantaba leer libros de aventuras. Literatura fantástica decía él. Fantasía era lo que le sobraba, tenía una imaginación desbordante. Cuando era más pequeño con siete u ocho años y le preguntaban ¿Qué quieres ser de mayor? Siempre decía lo mismo: “Yo quiero ser escritor”.

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La plaza de “Pedro de Valdivia”


Relato creado para el curso de escritura de FlemingLab.

Llevo aquí desde que a D. Antonio Miguel Romero. El entonces alcalde de esta mi ciudad, decidió homenajearme y hacer la estatua que soy hoy día. Mi nombre es Pedro de Valdivia, hijo de esta hoy ciudad, Villanueva de la Serena. Nací en esta villa el 17 de abril de 1497 y mi muerte se produjo en Chile allá por el año 1553.

Ahora me encuentro frente a la que fue la casa que me vio nacer. Y quiero hablaros de lo que mis ojos han visto, desde que fui homenajeado y colocado en este mismo lugar, allá por el 1929 cuando el entonces el Sr Presidente del Consejo de Ministros don Miguel Primo de Rivera vino a quitarme el velo que cubrían mis ojos, o sea a inaugurar mi estatua. Pero como digo, no vengo hablar de mí, que para eso ya están los libros de historia, que cuentan muchas verdades y algunas que no lo son tanto.

Estoy emplazado frente al edifico del ayuntamiento, es un lugar privilegiado desde donde contemplo, todo lo que es la plaza de España, hasta la parroquia de la Asunción y parte de lo que es la calle de los baldosines. (como se la conoce coloquialmente, aunque su nombre actual es calle Ramón y Cajal, por el premio Nobel de medicina de 1906) También puedo ver lo que fue en su día el casino de los señoritos, bajo los soportales de la plaza.

En aquel tiempo, me refiero a cuando me emplazaron todos los años pasaban los rebaños de ovejas, venían realizando lo que era la trashumancia, era bonito ver a miles de cabezas de ganado pasar a tus pies, aunque me hacían tragar una cantidad de polvo, que estaba luego días enteros estornudando y rezando que lloviera para que me quitara toda la mugre de encima, aún así me encantaba verlas pasar dos veces al año, cuando salían a finales de primavera para las comarcas del bierzo, y cuando regresaban para el otoño.

Era un placer oír los cencerros desde lejos y como iban aproximándose poco a poco, el balar de los borreguillos que habían ido naciendo a lo largo del camino e iban detrás de las madres, algunos más chicos los llevaban los pastores a cuesta, al haber nacido  el día o la noche anterior.

Los sábados venían los comerciantes a vender sus productos y se ponían alrededor de la plaza, donde los vecinos de la entonces Villa, hasta años más tarde no sería considerada pueblo y posteriormente ciudad. Pero para eso han de pasar unos cuantos años, que os contare en su momento.

Todos los años se celebraba una feria de ganado muy conocida a nivel regional e incluso nacional, venían todo tipo de animales, burros, mulos, asnos, caballos, vacas, ovejas, cabras e incluso aves de corral. Había una gran confluencia de gentes de todas los estatus, unos comprando para reponer o ampliar sus especies y otros que andaban necesitados y se veían obligados a vender para subsistir. A veces se ponían lo suficientemente cerca como para que los oyera en los tratos y no podía decirles a unos embusteros y a otros timadores. Pero me divertía tanto, con unos como con otros.

Hasta que trasladaron la feria, luego con el tiempo me entere que se la habían llevado al arroyo de Doña María, en las afueras del pueblo. Oí decir que al ser ya un pueblo in crescendo no estaba bien visto que la feria se realizara en la misma plaza. Con el tiempo, el mercado de los sábados también se traslado a la plaza de los Conquistadores.

Por lo que el aburrimiento y el hastió llego a la plaza, que solo se veía animada un poco los domingos y fiestas de guardar que era cuando las mozas y los señoritos salían de misa y se paseaban por la plaza haciendo gala de sus vestimentas de última moda, mientras los mozos se ponían bajo los portales a piropear a las jóvenes que se pavoneaban por la plaza buscando el beneplácito de aquellos picaros mozuelos. ¡Ah! La de parejas que he visto salir por las puertas de la parroquia como matrimonios, parejas que se juntaban en esta plaza y comenzaban su noviazgo bajo mi mirada y la de las carabinas que llevaban siempre cerca para evitar que los muchachos se acercaran más de la cuenta.

En las noches claras de verano oía la música que salía por los ventanales del piso superior del casino de los señoritos, donde bailaban hasta bien entrada la madrugada, y el alguacil iba a llamarles la atención. Eso si con mucha cortesía no fuera a ser que algún señoritingo se molestara y la tomara con el pobre alguacil.

Un día muy especial y que sigue a día de hoy es reconocido como fiesta de interés turístico regional y se celebra el domingo de resurrección en Semana Santa. Es conocida como la Carrerita, es el día que más afluencia de gente en la plaza. Antes incluso se me subían encima para ver venir corriendo a la Virgen de la Aurora a encontrarse con su hijo a mi altura, donde la madre baila alegremente al encontrarse con su hijo resucitado. Hoy día es como si el tiempo no hubiera pasado al menos durante un día al año.

La vida fue cambiando y vinieron los primeros vehículos a motor con ese estruendo, parecían tormentas de verano, que según llegaban, pasaban de largo, dejando tras de si polvo, y un olor insoportable, claro que a todo se acostumbra uno.

Cuando adecentaron la plaza allá por los años 70 no lo recuerdo muy bien, me colocaron una jardinera alrededor del pedestal, asfaltaron la calle y pusieron los acerados nuevos, ya por aquel entonces era una ciudad que poco a poco entraba en la modernidad, mas coches, más trafico, más comercio. Villanueva de la Serena fue cabeza de partido durante muchos años y con los nuevos tiempos paso a ser puerta de la comarca de la Serena todo pasaba a mi alrededor muy deprisa.

Hasta hace unos pocos años sería por el año 2012 o 2013 la plaza se volvió a remodelar, cerrándola al tráfico, convirtiéndola una plaza en peatonal. Más moderna, con fuentes con sus luces led de colores, unas enormes jardineras de flores de mil colores. He vuelto a ver a los niños correr con total libertad y a las parejas haciéndose arrumacos bajo los portales. Los locales ponen su veladores, con cientos de mesas y sillas dando una vida a la plaza que nunca creí llegar a volver a ver.

Cuando llegaron la maquinas y con unas grandes cintas,  me trasladaron de sitio, pensé que era mi fin, que acabaría en una fundición y me convertirían en cualquier objeto moderno.

Pero no, no fue así, cuando vi que me volvían a poner en mi lugar, Que me limpiaban y pulían, fue cuando me di cuenta de que a pesar de mi edad y de lo que representé en otra época, seguía siendo Pedro de Valdivia hijo predilecto de esta cuidad modernista. Adaptada a los nuevos tiempos, seguían valorándome por lo que un día represente para la entonces Villa de la Serena.

Por lo que seguiré viendo y aprendiendo de los vecinos de la ciudad que me vio nacer allá por 1497 y a día de hoy sigue de pie velando por sus hijos.

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Lo que pudo haber sido y no fue.


Relato escrito para El poder de las letras.

Aquella tarde iba con prisas, como casi siempre. Llegó a las puertas de la tienda de ropa y se paro a que estas se abrieran, entró decidido, sabía a lo que iba y quería perder el menor tiempo posible. Una de las dependientas que estaba colocando ropa cerca de la puerta le saludo educadamente y el correspondió a su saludo. Se dirigió al final del establecimiento a la sección de ropa y accesorios deportivos. Cogió varías prendas de su talla que le gustaron y se dirigió hacía la caja. En el pasillo central volvió a ver a la dependienta de la entrada y cruzaron una sonrisa como si se conocieran de antes. Él llegó a la caja y espero su turno para que la cajera le cobrara, cuando le toco, pago el importe que le solicito la empleada a la vez que guardaba la ropa en una bolsa de plástico. Recogió su cambio y se dispuso a salir por las puertas cuando la alarma antirrobo comenzó a sonar, se quedo parado y se volvió a la cajera preguntándose — ¿si lo he pagado porqué suena?— alguien le agarro la bolsa y le dijo. —Disculpe un momento—. Al mirar vio a la dependienta del principio que había vuelto a las estanterías donde estaba cuando entro.

  • Sí claro. ¿Voy a ir a la cárcel por esto —le pregunto un poco en broma.
  • No lo creo señor —dijo la chica— a mi compañera se le ha debido saltar alguna de las alarmas y por eso le ha pitado.

Mientras la dependienta buscaba en la bolsa entre la ropa, él no podía quitarla los ojos de encima, era una chica morena de un metro setenta aproximadamente y con una nariz muy bonita, sus ojos eran color café, y la sonrisa ahora que la veía de cerca le dibujaban unos hoyuelos en las mejillas. Al cabo de unos pocos minutos, muy pocos le pareció a él, ella le devolvió la bolsa.

  • Ya esta — le dijo la muchacha enseñándole un aparatito que parecía un botón— disculpe las molestias señor.
  • No hay nada que disculpar, aunque parezca raro ha sido un momento agradable —le contesto él sonriéndola—lástima que las circunstancias no sean otras.
  • Sí. Es una pena —dijo ella mostrándole de nuevo los hoyuelos.

Él le pidió el bolígrafo que llevaba ella en el bolsillo de la camiseta y en el dorso del tiket le escribió un numero, ella que lo vio le dijo.

  • ¿Pero esto lo necesita, por si tiene que devolver algo de lo que lleva?
  • Bueno, entonces tendrás que llamarme para devolvérmelo. ¿No crees? —le contesto él mientras se dirigía hacía la salida y sin nada que le impidiera ya salir.

Al cerrarse la puerta miro hacia el interior, y la sonrió de nuevo.deja-de-pensar-en-lo-que-pudo-ser-y-no-fue.jpg

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Vidas Cruzadas


Relato escrito para el curso de escritura de FlemingLab. Publicado en el blog masticadores de letras.

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Cuando Tom llegó ya estaba muerta, la habían cortado el cuello de izquierda a derecha como a las otras, la había encontrado un hombre mientras paseaba a su perro por aquel recóndito paraje, el animal olió el cuerpo que ya había empezado a descomponerse. El forense creía que llevaba varios días muerta, a pesar de que el calor reinante había acelerado el estado de putrefacción. El médico apunto el día de la muerte entre el sábado y el domingo anterior, precisaría más cuando realizara la autopsia.

Laura estaba bailando en la discoteca con sus amigas como cada sábado noche, riéndose y divirtiéndose, de vez cuando apartaba algún moscón que otro, que solo quería intentar meter mano o llevársela al huerto. Ella odiaba los polvos de una noche, siempre decía que el día que perdiera la virginidad sería con el hombre del que estuviera enamorado y supiera que era el amor de su vida.

Lo que no sospechaba, era que aquello jamás sucedería, alguien la había estado mirando desde que salio a la pista de baile y vio en ella una victima propicia para sus deseos. Esperó a que fuera al servicio, la había visto ir anteriormente un par de veces y no era de esas chicas que tiene que ir acompañada de una amiga. Él supo que ese era el momento.

Él sabía que allí encontraría lo que buscaba, ya había estado en otras ocasiones y conocía el local perfectamente; en el pasillo de los servicios estaba una de las salidas de emergencias y sabía que al abrirla no sonaría la alarma, no tenía el sistema conectado, así que si salía por allí no se enteraría nadie.

Tenía aparcado su coche en el callejón, era un monovolumen. Lo dejo allí porque no había cámaras y tenía poca iluminación, todo se le ponía a pedir de boca, ahora solo tenía que encontrar la victima perfecta.

Cuando la vio ir hacia el pasillo de los servicios fue tras ella como si el también se dirigiera al servicio de hombres, la alcanzó a la entrada, se miraron y él le sonrió, ella se la devolvió la sonrisa sin mucha gracia y siguió su camino sin mirar atrás, de haberlo hecho se habría dado cuenta que él no había entrado en el water, sino que lo tenía detrás, cuando sintió su presencia y fue a girarse, era tarde, él la tapo la boca con un pañuelo empapado en cloroformo y ella se desplomo en sus brazos sin conocimiento.

Aquel era el momento más comprometido de todos, tenía que salir sin ser visto, aunque si alguien le veía, diría que era su chica que había bebido más de la cuenta y la sacaba a tomar el aire. Aunque eso podía desbaratar sus planes. No podría llevársela porque en cuanto se dieran cuenta de la desaparición la buscarían y no tardarían en acordarse de que le vieron salir con ella por la puerta de emergencias. Nadie lo vio, metió a la chica en el maletero, se montó en el coche, arranco y desapareció calle abajo.

Laura empezó a despertarse, un dolor de cabeza le atormentaba, y una sequedad en la boca le rasgaba la garganta como una lija. Estaba desorientada y no recordaba nada. —¿Dónde estaba? Se preguntó—A su alrededor había una gran oscuridad y ese traqueteo que notaba la desconcertó durante un rato. —¿Cómo había llegado allí? —Intento recordar. Se encontraba en la discoteca con sus amigas, y le entraron ganas de ir al baño, y fue, sola como siempre, alguien iba detrás como otras tantas veces, ni se giro para ver quién podía ser, de repente noto que una mano le tapaba la boca y la nariz con algo y que un olor rarísimo no la dejaba respirar. Todo se volvió negro hasta que se ha despertado aquí. —Me han secuestrado —pensó— Mientras un ataque de pánico se apoderaba de ella. Empezó a buscar una salida y fue cuando se dio cuenta que se hallaba en el maletero de un coche en marcha. No pudo más y comenzó a gritar. — ¡Socorro! Que alguien me ayude, estoy aquí encerrada. Por favor… ayuda—. Gritaba sin mucho éxito.

Tom  se dirigía hacía su casa. Había sido otro día duro, desde que por la mañana encontraran el cuerpo de aquella chica en aquél recóndito paraje hasta ahora había pasado doce horas de arduo trabajo y estaba como al principio, sin nada a lo que agarrarse. Sin una pista de la que poder tirar y con una chica más en el deposito. Una chica joven con toda una vida por delante, que no tendría que hallarse en aquella mesa fría de acero inoxidable, si no en su cama y con su familia. Maldito hijo de puta —maldijo dando un golpe al volante— Te voy atrapar y cuando lo haga no habrá juez que te condene —continuo diciendo en voz alta de el interior de su coche, cuando la emisora rompió el silencio. — ¡A todas la unidades. Una chica ha desaparecido de la discoteca Xanadu! Hace aproximadamente un par de horas es rubia, ojos verdes, metro sesenta y siete. Vestía pantalón marrón y camisa blanca, zapatos marrones de medio tacón. — Al escuchar el aviso Tom cogió el micrófono y contesto a la llamada.

— Aquí el detective Tomas Robles me dirijo al lugar de los hechos, llegaré en cinco minutos.

— Oído detective, cambio y corto. — Tom puso la sirena en el techo del coche y acelero en dirección a la citada discoteca.

—Cállate. O lo vas a lamentar— Le grito él —Deja de gritar zorra o tendré que dormirte otra vez, quiero que estés muy despierta para lo que te tengo preparado. — le dijo mientras conducía por la nacional hacía un paraje que conocía y sabía  que nadie lo podía molestar. —No volvió a escucharla en todo el camino.

Al cabo de media hora se desvió de la carretera y cogió una pista forestal que le llevaría a su destino. En su cara se dibujo una sonrisa ante la imagen que se formaba en su cabeza de lo que venía en un rato.

Cuando Tom llegó….

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La Leyenda de la Sirena Serona.


Hace ya muchos años corría el rumor que en un lugar de Extremadura vivía una sirena. Un ser mitológico, que a día de hoy no se sabe a ciencia cierta si sigue o no en estas tierras.

Os traigo un nuevo relato, en el que podréis saber más de esta leyenda. ¿Será real? ¿O solo será una historia más, contada por los ancianos de la zona?

Podrás descubrirlo a partir hoy en preventa en amazón. Saldrá a la venta el próximo día 9 de septiembre.

En ebook o en papel. Para aquellos que añoran tener las manos ocupadas con el formato orgánico.

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Al que nace gafe….


Aquella mañana se levantó con el pie derecho para variar. Al salir a la calle, nada más cruzar el portal de su casa, se encontró un billete de diez euros. Parecía que la suerte le acompañaba. Entró en un bar y le atendieron al momento, el café era delicioso y el croissant tierno. Fue a pagar y un antiguo amigo, que hacia mucho que no veía, le invito al desayuno.

Salió de allí muy contento. Al momento le sonó el móvil, contestó. Eran de la oficina de empleo, le citaban para una entrevista de trabajo, algo que llevaba mucho tiempo esperando.

Mientras escuchaba al locutor del otro lado del aparato, bajó de la acera sin mirar, en esto que llegaba el autobús de línea y no le dio tiempo al conductor a frenar y se lo llevo por delante.

Sus últimas palabras fueron.

  • Al que nace gafe se le acaba pronto la suerte.

Murió allí mismo.

Vi_eta 'Mala suerte'

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Desalmado, vende su alma.


Cuando nació traía una marca debajo de su pelo en la nuca. Fue creciendo y aquello le marco, el pelo no crecía alrededor de aquella marca y aún dejándose el pelo largo se le veía.

Creció en las calles, robo, vendió su cuerpo y mato, todo por sobrevivir. Decían de él que era un desalmado, que no tenía conciencia. Siendo ya un hombre adulto, la desesperación le llevó a hacer negocios sucios de toda índole, trafico de drogas, de mujeres, como sicario.

Le apodaban el desalmado, tanto se lo llamaron, que creyó que era verdad. Así que quiso hacer su jugada maestra. Convoco a Lucifer para venderle el alma que no tenía. Si engañaba al demonio sería el mejor ventajista de la historia.

Lucifer se presento a su llamada,

  • ¿Para qué me has llamado?
  • Quiero hacer un trato contigo a cambio de mi alma.
  • ¿Y que es lo qué quieres a cambio de tú alma?
  • Quiero la inmortalidad, concédemelo y seré tu siervo para siempre.
  • Ya eres mi siervo, desde el día que naciste. Llevas la marca y tú vida mortal a estado siempre al servicio del mal ¿Porqué habría de darte algo, a cambio, de algo que ya tengo?
  • Porque valoras más las almas, que a las personas.
  • Esta bien, voy a mirar dentro de ti y te voy a enseñar lo que te espera a partir del momento que me entregues tu alma.

Satanás le puso la mano en el pecho, le mostró el negro de aquel alma que se suponía que no tenia, el sufrimiento que le esperaba, a partir del momento que el demonio se hiciera con ella.

  • ¡No! Nooo. Aléjate de mí. No puede ser. No puedo ser así. ¡Vete!
  • Da igual que reniegues ahora de mi, al final de tus días vendrás a mi. Estas condenado al infierno.

Tanto fue el sufrimiento que le atormento el saber que sí tenía alma y que estaba condenada, que a partir de aquel momento solo se dedico a hacer el bien. Quería expiar su culpa a toda costa,

Por evitar el infierno.

Sería capaz de vender su alma al diablo.

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Marginación.


Este es el relato de mi participación en el concurso de Paula de Grei  sobre el libro de Lidia Castro Navas

Mató sin preocupación durante mucho tiempo, sus victimas eran mujeres jóvenes que no pasaban los treinta con mucha vida por delante él se la segó de un tajo, y allí se acabaron sus historias.

Una cuneta, una carretera comarcal de un pueblo cualquiera, absorbió la sangre que de sus cuerpos calientes salían a borbotones mientras veían los ojos encendidos en fuego de aquél que cuchillo en mano las había cortado el cuello para evitar sus gritos. Ellas trataban de ganarse la vida en un oficio que no les gustaba, por circunstancias de sus vidas no les quedo otra, sin saber que sus huesos se quedarían para siempre en aquel lugar.

Aquel tipo era hijo de una prostituta a la cual mataron hacía mucho mientras ejercía su trabajo, aquello le marco su vida, fue de hogar en hogar donde lo maltrataron y le marcaron, su mente se trastorno, en sus devaneos solo quería vengarse de todos aquellos que le habían marginado y provocado durante tanto tiempo, empezó por aquellas personas que le recordaban a la que le abandonó cuando era un niño, su cabeza no asimilaba que aquel abandono fue causado por un asesino y no por que dejara de quererle.

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